Antonio y Juana

     Tienen cuatro hijos. Él, hace años trabajaba en una empresa de muebles de cocina. Le daba para mantener a la familia sin lujos pero sin agobios. Su mujer se dedicaba a los hijos y al hogar, que ya es bastante trabajo. Eran felices, aún con los problemas de cada día.

     Un día llegó aquella maldita crisis. Bajaron los pedidos y los deudores dejaron de pagar las facturas. El empresario quiso seguir, pero no aguantó mucho, y tuvo que cerrar la empresa.

 Cuando llegó el día, Juana lo supo nada más verlo entrar. Llevaba los ojos enrojecidos y la mirada tristísima.

     No digas nada –le dijo, cortando un amago de sollozo-. Eres trabajador, honrado y el mejor en tu oficio, ¡te contratarán, seguro! ¡Qué flojos sois los hombres!…      

    Juana lloraba a solas, nunca lo hizo delante de él ni de sus hijos. Los meses siguientes fueron horribles. Antonio no encontró trabajo por la edad y entró en depresión. Cogió miedo a salir a la calle; hasta abrir el buzón de correos le aterraba.

    Fue ella quien intentó sacar a la familia adelante, cosiendo y fregando escaleras. Pero no podía con la hipoteca, los recibos y los gastos. Tardó en decidirse a ir a Cáritas; lo hizo y la derivaron al Economato Social. Allí ha estado en varios periodos. No hace mucho vino a despedirse. A Antonio le había salido un trabajillo, poca cosa, pero que les daba para ir tirando y ya no nos necesitaba. 

Isabel, la abuela

    Su historia de calamidades daría para un serial televisivo; pero ahí está, jamás pierde la sonrisa. Es enjuta, con el pelo corto y blanco, y la cara llena de arrugas; esas que algunos dicen que son cicatrices de la vida.

   – ¿Cuántos nietos tiene usted?

   – Va pa diecisiete, y tres biznietos. Es que… con siete hijos, ya me dirá usté. Y uno en prisión… ¡las malas amistades!

     Ha recogido a su nuera y los tres críos que tiene; y eso que tiene al marido casi inválido.

  • ¿De dónde saca fuerzas para todo, Isabel?
  • ¡Si ahora es cuando mejor estoy! Antes tenía a tos en casa…. A mí me gusta que encalaabuela tengan su refugio. Y cuando encuentran curro, se van. Así tiene que sé.

      Como la ínfima paga del marido le daba para poco, acudió a Cáritas, y de ahí la derivaron al Economato. Allí va cada semana, con su carrito y alguno de los nietos; todos muy educados. Es ejemplar; muy desprendida, y lleva las adversidades con alegría. 

     Da que pensar, que tantos premios que se dan, no les llegue nunca a estas personas increíbles. Y que las tengamos escondidas….

Rocío

    Casos parecidos al suyo hay bastantes en el Economato.  Rocío tiene 30 años, está separada y tiene dos hijos. Fue mujer maltratada, hasta que se cargó de valor y acabó con una relación contaminada de adicciones y mentiras.

   Su ex no le pasa pensión, y su familia la ayuda poco, porque también están mal. Ella sola trata de sacar adelante a su pequeña familia. Tiene que pagar un alquiler y el gasto de los niños. Intentó conseguir trabajo, pero nadie contrata a una mujer con esas cargas familiares. Acudió a Cáritas y la derivaron al Economato. Gracias al ahorro en la compra puede pagar el alquiler, y evitar el desahucio, que le aterraba. Más de una noche soñó con quedarse en la calle con los críos llorando.

   Del Economato le gusta que puede elegir lo que necesita y lo paga, aunque sea un precio subvencionado. Así, le da menos vergüenza. No quiere pensar en el futuro, Ella está centrada en el día a día de sus hijos.

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